Por: Redacción

 

Una nueva palabra: “condicionalidad”
La primera intervención  –“La condicionalidad en el asesoramiento a explotaciones”– estuvo a cargo de Antonio Torres Pérez, ingeniero agrónomo y director de la entidad de asesoramiento a explotaciones del sindicato APAG (Asociación Provincial de Agricultores y Ganaderos de Guadalajara).  El ponente dio a conocer la detallada normativa de la Unión Europea referente al funcionamiento de las explotaciones ganaderas. Dicha normativa establece el concepto de condicionalidad, término que viene a definir las condiciones que se exigen a las explotaciones de agricultores y de ganaderos para recibir subvenciones de Bruselas. Informó que el asesoramiento a las explotaciones tanto agrícolas como ganaderas para el cumplimiento de esta normativa está subvencionado en un 80% por la administración.  La normativa establece un control muy estricto de la utilización de productos fitosanitarios y de pesticidas con el objetivo primordial de defender la sanidad pública. Otra de las cuestiones reguladas es la de los residuos como el estiércol, prohibiéndose su acumulación en las explotaciones. También se exigen numerosos requisitos para garantizar el bienestar animal tanto en las explotaciones ganaderas como en el transporte.   Los ganaderos presentes consideraron que la normativa estaba hecha por personas que no conocían la realidad del campo y que muchas de las condiciones eran de difícil cumplimiento.  Uno de ellos señaló con humor la piel más tostada que veía en los ganaderos respecto a la de los técnicos que leían las ponencias, queriendo expresar la forma diferente en que se ven las cosas desde las explotaciones agrarias y desde los despachos de las administraciones.

Antonio Torres de APAG
 
Otra nueva palabra: “trazabilidad”
De la problemática planteada por los subproductos animales, su recogida, transporte y almacenamiento  hablaron Juan Herreros Guillarte, del servicio de ganadería de la Consejería de Agricultura de la Junta, y Javier Gismera Cortezón, veterinario jefe de la comarca ganadera de Atienza. En su charla dieron cuenta del marco legal europeo (Reglamento comunitario 1774/ 2002) y su transposición a la legislación española (Real Decreto 1429/2003)  aplicable para estos residuos, denominados con la abreviatura de SANDACH (Subproductos animales no destinados al consumo humano).
La normativa viene dada por la aparición de la enfermedad de las “vacas locas”).  Juan Herreros habló al respecto de que se trata de aplicar el concepto de trazabilidad, es decir, seguir el rastro de los subproductos animales, de tal manera que si se produce una crisis alimentaria, como las que ha habido en el pasado, se identifique en seguida el problema y por lo tanto se asegure que el resto de los productos esté libre de sospecha. Se trataría con esto de asegurar la salud pública y de evitar un fenómeno como el de las vacas locas que hundió el mercado del bovino al retraerse el consumo aunque afectaba tan sólo a unas pequeñas partidas.


Javier Gismera y Juan Herreros


¿Cuánto dinero más va a costar un ternero?

Los ganaderos presentes se quejaron de que estas exigencias tanto en la gestión de sus explotaciones como de la gestión de los residuos les hacen perder mercado ante las exportaciones de otros países cuyas explotaciones no están sometidas a estos controles.
Ángel García, presidente de APAG, presente en el seminario, se quejó también de que se les ponen más exigencias a las pequeñas explotaciones españolas que a sus homólogas de Francia o Alemania, afirmando que, de seguir así las cosas, “el ganadero iba a pasar a ser pronto un animal en peligro de extinción”.
Otro de los problemas que plantearon es la escasa fuerza en la negociación de explotaciones ganaderas primarias atomizadas frente a los grandes grupos cada vez más concentrados que se encargan de comercializar sus productos.
Juan Herreros adujo que la administración tenía que ser estricta para defender a los que hacen bien las cosas –“hay que apretar a los que lo hacen mal y ayudar a los que lo hacen bien”– ya que de lo contrario se exponían a que se cerraran las fronteras. Para él la única manera de que los ganaderos pudieran hacer frente a los retos del mercado sería la unión y la creación de sellos de calidad de manera que sepan vender como un valor añadido los controles a los que se ven sometidas sus explotaciones.
Pero los ganaderos quedaron con dudas: “También tenemos que ver si el consumidor está dispuesto pagar este precio”... “Antonio, te queda decir una cosa: y el ternero ¿cuánto más va a costar?” – le preguntaron desde la sala al primero de los ponentes.

En un descanso del seminario

Un cadáver ideal
Otra de las cuestiones más polémicas es el sistema de recogida de cadáveres y subproductos cárnicos. Los ganaderos de la zona consideran inviable el sistema establecido en estos momentos por la normativa europea, por el que hay que contratar un seguro y habilitar un sistema de transporte de los animales muertos a unas plantas para su eliminación. En la sierra de Guadalajara, que es una zona de ganadería extensiva, resulta muy difícil y con un coste prohibitivo el traslado de animales muertos. La solución podría venir de la  declaración de  “zona remota”, que se define como un lugar de difícil acceso a las plantas de eliminación de cadáveres. En estos casos la legislación europea permite, como señaló Juan Herreros, la incineración in situ o el enterramiento en zonas controladas. La administración ve viable este último método pero primero habría que declararse una comarca como “zona remota”.
Otro de los problemas que se plantearon en el coloquio es la extensión de las actividades cinegéticas y sus posibles efectos en las explotaciones agrarias ya que es prácticamente imposible llevar un control sanitario de los animales silvestres. La nueva normativa exige que no se dejen los cadáveres en el campo y que también se recojan para eliminar la posibilidad de enfermedades contagiosas.
La segunda parte de la jornada estuvo más centrada en las consecuencias medioambientales de la normativa sobre los residuos cárnicos.

Un grupo de ganaderos sigue las intervenciones

Hay comederos ¿Habrá comida?

La primera intervención de la tarde estuvo a cargo de Juan Sanz Martínez, coordinador del organismo autónomo Espacios Naturales de Castilla-La Mancha, y de Luis Bolonio Álvarez, biólogo y asistente técnico de dicho organismo, que hablaron sobre “La red de muladares de Castilla-La Mancha. Situación actual y perspectivas de desarrollo en la Sierra Norte de Guadalajara”.
Juan Sanz mostró su perplejidad de que la normativa posibilite enterrar reses muertas en las “zonas remotas” y que no contemplara que pudieran servir de alimento a los buitres. También anunció que está a punto de salir una orden en Castilla-La Mancha para indemnizar a los afectados por los ataques de los buitres al ganado vivo, de manera parecida a las disposiciones en el caso de ataques de lobos. Por otro lado informó que se está presionando para que se declare el norte de Guadalajara como “zona remota”,  lo que conllevaría flexibilizar la normativa de recogida de animales. También informó de la creación de una red de muladares en Guadalajara, ahora existen en Molina, Gálvez, Checa, Pelegrina (este último empezará a funcionar en breve). Se quiere sacar uno más en Atienza o en sus alrededores, otro en la zona de Jadraque, en la zona de Alcoroz y otro en Ablanque. Están previstos dos cinegéticos, en la zona del Alto Tajo y en la Sierra de Sonsaz. También se va a adapar la normativa en vigor para la creación de muladares en Castilla-La Mancha (Decreto 108/ 2006 D.O.C.M.) para adecuarla a una normativa nacional más reciente (Real Decreto 664/2007) que es más flexible y que pone menos requisitos para la creación de estos comederos para buitres y otras aves necrófagas.
Uno de los temas que salieron en el coloquio posterior a esta charla fue el proyectado Parque Natural de la Sierra Norte. En lo que se refiere a esto, Juan Sanz quiso dejar claro que, si se convierte en realidad, se haría teniendo en cuenta los intereses de la ganadería extensiva de la comarca añadiendo que muchos de los ecosistemas más valiosos de la zona existen por la acción del ganado. “Queremos conservar ese ecosistema y el parque natural ayudaría en todo lo que fuera posible a esa ganadería a través de fondos especiales como el fondo verde”.
Por su parte, Luis Bolonio se centró en informar sobre el estado de la población de las aves carroñeras en la provincia y en el impacto que ha tenido la nueva normativa de recogida de cadáveres, tanto en su comportamiento como en su número. Aportó datos como el censo del buitre leonado en la provincia en el año 2008:  97 colonias y 16 parejas aisladas que suman 1.483 parejas reproductoras. Los buitres se concentran sobre todo en el Alto Tajo, luego va la Sierra Norte, luego la zona en el río Mesa en el noreste de la provincia y, por último, otra zona más pequeña en la sierra de Altomira. Señaló que estas aves están bien protegidas en sus zonas de nidificación pero existe el problema de la escasez de comida.
En cuanto a las consecuencias de las medidas sanitarias en el buitre leonado, en dos años se ha producido un descenso del 10% de la población, descenso que es un 40% en las zonas de ganadería extensiva como es el caso de la Sierra Norte.   Informó de los trabajos para ampliar la red de muladares evitando instalar macromuladares y diseminarlos lo más posible. El problema es cómo conseguir la comida ya que existen unas restricciones sanitarias que marca la ley que no es posible evitar.

 

Esos simpáticos necrófagos
Cerró el seminario de forma brillante Álvaro Camiña, responsable para Europa del Vulture Study Group, uno de los mayores especialistas en estas aves. Empezó afirmando que los buitres no son tan peligrosos como los pintan. A una intervención desde el público: “Ahora atacan a las vacas debilitadas por el parto, luego llegarán a atacar a las personas...” – contestó que “nunca”. “¿Y qué van a hacer si tienen hambre?” – “Morir. Si no hubiera sido así, no hubieramos encontrado tantos buitres desnutridos mientras hemos hecho nuestras investigaciones”. Parece que esta respuesta empezó a reconciliar a los ganaderos con “sus enemigos” buitres. Y cuando Álvaro dijo que un buitre es capaz de volar en un día hasta 270 km, uno de los presentes comentó: “Eso se hace por amor. Y en juventud”.  Y el público sintió casi una solidaridad con ellos.
Más todavía: Álvaro afirmó que si existen buitres es gracias a los ganaderos y que en España se había creado un problema donde no lo había. “Echamos la culpa a Bruselas pero el problema nos lo hemos creado nosotros ya que en el tema de las vacas locas hemos sido más papistas que el papa”. En su opinión,  podíamos hacer legislación a nuestra medida pero hemos perdido los años...
Señaló que en nuestro país tradicionalmente se producía una gran cantidad de animales muertos y que en cada  pueblo había un muladar donde se los arrojaban. Funcionaban ilegalmente “porque había una ley del año 1952 que afortunadamente nadie cumplía por la que había que enterrar y tapar con cal los cadáveres de los animales”.  Al llegar las “vacas locas” se cerraron los muladares y se empezó a perseguir a los que echan animales al campo. A esto, añadió, “se unen los problemas creados por los parques eólicos (se han contabilizado a día de hoy 1.800 buitres muertos por las aspas de los aerogeneradores), la construcción de carreteras y encima ahora se está creando rechazo social”.  La consecuencia es que el futuro de los buitres está amenazado.
Un problema adicional en su opinión es la existencia de diversas normativas en las 17 autonomías y que en ocasiones hay una política contrapuesta de las conserjerías de sanidad y de medio ambiente en cada una de las autonomías. Frente a esto puso de relieve que la península Ibérica es un espacio pequeño para los buitres los que en el mismo día pueden estar en Castilla y en Castellón. Por ello consideró que no se puede actuar a nivel provincial ni de Comunidad Autónoma, porque lo que pasa en Guadalajara afecta a Soria y viceversa.“La política y la biología no se llevan nada bien”.
En cuanto a los ataques de buitres a animales vivos consideró que se trata generalmente de animales en malas condiciones físicas. “Otra cosa es cuando pare una vaca y se encuentra en mal estado, entonces pueden picotearla los buitres”. Señaló que en toda España en los últimos cinco años hay unos 500 casos registrados de ataques pero en zonas como La Rioja hay ahora menos casos que hace seis años, la razón es que los ganaderos toman medidas de precaución cuando van a parir las vacas. Algunos de los ganaderos presentes contaron, a raiz de esta intervención, los casos de ataque de buitres de los que fueron testigos.

También el ponente proporcionó unos datos curiosos sobre las costumbres de estos animales como el dato de  que ataques al ganado se concentran en marzo, abril y mayo que es la época del parto de las vacas y cuando menos utilizan los muladares. Los buitres van en busca de la placenta que es un recurso fácil y se preguntó si estos ataques están relacionados con la necesidad de los buitres de consumir otro tipo de  carne más nutritiva. “¿Saben distinguir entre carne fresca y menos fresca?”, se preguntó. Su conclusión es que acabar con el problema no es tan fácil como hacer muladares y que hay que luchar con todas las armas. “Entre todos, ganaderos, administración sanitaria y ambientalistas tenemos que arrimar el hombro para solucionar un problema que es más complicado de lo que parece”.
Álvaro Camiña finalizó su charla afirmando que todo lo que sabe de los buitres lo aprendió en el campo y entre los ganaderos. “Si ganaderos desaparecen los muladares –dijo,– desaparecen los buitres”.

Álvaro Camiña, experto en buitres.