Por: Amparo Donderis Guastavino

Juan Martín Díez, “El Empecinado” nació en el año 1775 en Castrillo de Duero (Valladolid). Su apodo deriva de los lodos negros o pecinas que se depositan en el riachuelo Botijas, a su paso por el municipio. Utilizado por todos sus vecinos, ha pasado a la historia como sinónimo de abnegación, valentía y empeño en conseguir un objetivo, y como sinónimo de patriota y liberal.

El Empecinado


Labrador de oficio, a los 18 años se incorpora al Ejército, haciendo realidad un sueño que con el tiempo le defraudó. Su espíritu aventurero y luchador no encajaba en las filas de un ejército apático y mal armado. Demasiado joven para aceptar las derrotas, perseguía la victoria. Su buen hacer en la Guerra del Rosellón, contra Francia, fue compensado con ascensos que le impidieron participar activamente en acciones bélicas, descontento pidió la baja. Reunió cuatro mozos, armas, municiones, víveres, monturas y formó una guerrilla. Su  objetivo era realizar operaciones militares basadas en desconcertar al enemigo, atacar por sorpresa en paisajes agrestes, utilizar su agilidad y astucia para desaparecer cuando acechaba el peligro.
 Participó en la Guerra de Independencia  desde abril de 1808, Interceptando correos y convoyes de provisiones. En 1809 el Empecinado entró en la
provincia de Guadalajara con una tropa que había aumentado a  170 hombres a caballo, dirigidos por sus ayudantes Abuin, Mondedeu  y Sardina.
Fue capaz de poner en aprietos al ejército imperial, el mejor de Europa, con una guerrilla compuesta por paisanos convertidos en improvisados soldados de procedencia tan diversa como extraña: campesinos, seminaristas, estudiantes, desertores del ejército, hombres rudos que abandonaban a sus familias sin saber bien su destino, personajes anónimos que se identificaban por un mote, un antiguo oficio o defecto físico: el pescador, el estudiante, el manco,..., todos ellos aventureros que causaban estragos en las poblaciones  donde  se alojaban. Con ellos formó dos batallones: Tiradores de Sigüenza y  voluntarios de Guadalajara, con sede en Tamajón .

El rey José I nombró al general Hugo Gobernador de Guadalajara, Sigüenza, una pequeña parte de la provincia de Soria y el Señorío real de Molina de Aragón. Hugo llegó con  la misión de capturar al Empecinado, pero pronto observó  su capacidad  de movimiento  y le resultó difícil seguir el ritmo de un hombre, que se guiaba más por la intuición y la lógica que por la táctica militar aprendida en los cuarteles. El tiempo fue su aliado y contribuyó a desarrollar su inteligencia militar. Alcanzó prestigio, respeto, temor y admiración. Fue el héroe  de los españoles y el terror de los franceses.
Jadraque,  Atienza, Cogolludo, Briguega, Cifuentes, Canrredondo, Sigüenza, Mandayona, Mirabueno, Torija, Cogolludo, Horche, el Casar de Talamanca,
fueron los principales escenarios de una sangrienta lucha librada en el año 1810 entre el brillante  general francés Hugo y el guerrillero que no hacía más que atacar y contraatacar, siempre por sorpresa. Atienza  y Sigüenza sirvieron de base de operaciones a la guerrilla .En el Casar  uno de sus hombres, Abuin, perdió un brazo, convirtiéndose en “el Manco”. En Torija,  el Empecinado hizo  volar el castillo para evitar que sirviera de apoyo al enemigo. En  Atienza el general Hugo perdió su caballo. En Jadraque los franceses tuvieron que refugiarse atemorizados en el castillo...así podríamos seguir contando sus
hazañas. El Empecinado perdió hombres, caballos, sufrió derrotas, pero siempre respondió con fuertes ataques y un objetivo: recuperar a sus hombres
prisioneros del ejército francés.

En el Rebollar de Sigüenza  libró un combate a pie, en un medio montañoso muy hostil. Cuando estaban a punto de apresarlo, se acercó al borde del despeñadero y se lanzó al abismo. Su cuerpo herido fue recogido por un molinero que  curó sus heridas. Pronto reorganizó su guerrilla y en represalia,  atacó duramente Cogolludo, importante punto en la línea del Henares y en las comunicaciones Madrid – Zaragoza, en poder de los franceses.
En el año 1812l ejército imperial empezó a debilitarse, el hambre y el cansancio hacían estragos. La campaña de Napoleón en Rusia tampoco les beneficiaba. El Empecinado abraza la Constitución recientemente proclamada en Cádiz. En  agosto  las tropas francesas se entregan, la gente salta de alegría, repican las campanas de las iglesias, en  la catedral de Sigüenza hay acción de gracias. Hugo vuelve a Guadalajara, agotado, avergonzado de su fracaso,  reconoce su impotencia para vencer a Juan Martín y pide el relevo.
Al finalizar la Guerra, una Real Orden de 1814 permite al Empecinado añadir su mote al apellido; en enero de 1815  Fernando VII distingue al héroe con la medalla de San Fernando. Corren tiempos convulsos, de vaivenes políticos. Se produce el alzamiento del general Riego en Cabezas de San Juan en 1820. el Empecinado, se declara liberal, se une al general y se aleja del rey. Poco después entran los Cien Mil hijos de San Luis, regresa Fernando VII imponiendo su absolutismo y castigando férreamente a sus adversarios: ordena apresar, juzgar y ejecutar a Riego, parecida suerte correrá el Empecinado: fue ahorcado y su cadáver expuesto para escarmiento de muchos en la Plaza Mayor de Roa (Burgos) el 20 de agosto de 1825.  Pesaron más sus ideas liberales que sus brillantes hojas de servicio, que fueron destruidas, olvidando su lealtad y entrega al Rey y a la Nación, durante la Guerra de la Independencia.