
Al acabar la Guerra de la Independencia en 1814 un testigo presencial de los hechos, como era Francisco Goya, realizó una serie de grabados bajo éste título. Tuvieron una gran repercusión por los temas que trataban y por el impacto que supusieron las imágenes para su época. Sus grabados presentaban el testimonio de unos hechos acaecidos durante los duros años de la guerra en una población que se vio inmersa por la tragedia. Algunos de estos grabados pudieron verse en una exposición que la Biblioteca Nacional España en Madrid, preparó bajo el título de “Miradas sobre la Guerra de la Independencia”. Formaron parte de ella diversos grabados, láminas y libros de la época en que se representaba la crueldad de la guerra.
En el Archivo Diocesano de Sigüenza se encuentra el texto de una carta escrita en el año 1816. El valor de esta misiva se reproduce porque nos acerca a una familia o vecina que vivió en primera persona tales sucesos. En ella una mujer alcarreña natural de la localidad de Gualda, cercana a Cifuentes, se dirige al coronel del regimiento de Murcia para interesarse por su esposo, he aquí íntegramente su contenido:
“Señor coronel del regimiento de Murcia.
María Iglesias mujer de José López Solanillos, natural de esta villa de Gualda de la provincia y corregimiento de la ciudad de Guadalajara, obispado de la ciudad de Sigüenza a los pies de Vuestra Señoría con el más profundo rendimiento dice:
Que en el año de 1808, fue sacado a la fuerza dicho su marido José López Solanillos para el servicio del ejército de S.M. a los quince días de casado en la villa de Trillo por el coronel de milicias Juan Senén Contreras, desde cuyo tiempo que va a cumplirse ocho años no ha tenido noticia de dicho su marido, viéndose en la mayor miseria e indiferencia y expuesta a morirse de hambre, por cuya razón para saber si vivo o muerto se hallase en el citado regimiento.
Acude a su piadoso y caritativo corazón a fin de que si su expresado marido fuese vivo se le dé su licencia absoluta o certificación de su muerte o documento que lo acredite, que en ello recibiría la suplicante de vuestra merced la que queda pidiendo a Dios guarde su vida muchos años.
Gualda, 8 de mayo de 1816.”
A la carta se le dio su correspondiente curso. Dicho regimiento se encontraba en la ciudad de Daroca, y el día 15 de mayo de ese mismo año se nombró un fiscal militar, cargo que recayó en José Redondo, teniente de la sexta compañía. Inmediatamente se hicieron las diligencias oportunas entre los soldados de dicha tropa que habían sido compañeros de José López Solanillos.
Los soldados Pedro Fraile y Manuel Mora declararon bajo juramento y ofrecieron decir “verdad en lo que saben y les consta que José López Solanillos era soldado en su compañía”. Habían conocido y tenido trato con él y juntos se encontraron en la batalla de Ocaña aquel fatídico día 19 de noviembre de 1809, en que las tropas españolas fueron vencidas por los generales franceses Soult, Portier, Sebastiani y Freire. Fue hecho prisionero junto con otros 14.000 soldados que fueron conducidos hasta Francia. Muchos de ellos durante el recorrido consiguieron escapar de la vigilancia francesa y reintegrarse, con el tiempo, de nuevo en sus unidades.
El trayecto a pie para los prisioneros en aquel mes de noviembre resultó muy duro, ya que apenas disponían de comida, ropa y calzado. José López Solanillos enfermó en el camino de calenturas y a unas dos leguas (una distancia aproximada de 11 kilómetros) antes de llegar a Bayona en Francia, murió. Este también fue otro desastre de la Guerra.
