Por: Fernando Blanco

Primeros días de junio. La temperatura en Las Palmas de Gran Canaria guarda su fidelidad acostumbrada al calor agradecido. Un músico trabaja en el estudio de grabación sobre los temas de su nuevo disco. Necesita un descanso. Allí tiene una bicicleta estática. Decide hacer un poco de deporte. Se sube a la bicicleta. Sufre un infarto y muere. Tiene 38 años. Su nombre es José Antonio Ramos, JAR. Toca el timple, guitarra pequeñita, instrumento tradicional de Canarias y el que mejor define el sonido de las islas. La noticia salta de inmediato. Amigos, familiares, curiosos pueblan los aledaños. La radio transmite el suceso. Muy lejos, a varios miles de kilómetros de distancia, un individuo conduce su coche de vuelta a casa tras su jornada laboral habitual. Escucha las noticias y ahí le golpea el cable de la Agencia EFE leído con aseada vocalización por una locutora: hoy ha muerto, a la edad de 38 años, el timplista canario José Antonio Ramos. Ese conductor percibe al instante que la crónica musical del mes siguiente ya tiene nombre: JAR.

El timple era hasta él un instrumento tradicional que apenas sobrepasó los límites geográficos de Canarias. A simple vista parece una guitarrita de juguete. Pero, ¡ay!, cuando un timplista entra en faena, de sus cuerdas se eleve un sonido agudo, penetrante, de ésos que pellizcan. Uno se pregunta cómo es posible que un instrumento así sea capaz de animar una velada por canción canaria, bolero, copla, guajira, milonga, etc. Y es capaz de eso y mucho más, de emocionar en unos solos deslumbrantes.

JAR había publicado cuatro discos en solitario; se disponía a registrar el quinto. Sus colaboraciones con músicos de otras latitudes, otras sensibilidades, otros instrumentos superan la treintena. Algunos de ellos guardan una similitud compartida: haber dado a instrumentos populares un estatus internacional. Tocó junto a la gaita del gallego Carlos Núñez; el acordeón diatónico del vasco Kepa Juntera; el saxo alto y flauta travesera llevada al flamenco jazz de Jorge Pardo; al lado del gran guitarrista flamenco Juan Manuel Cañizares; con el tres cubano de Pancho Amat; con la banda irlandesa por excelencia The Chieftains; con el banjo del norteamericano Bela Fleck, etc.

 Con él muere una referencia, se pierde un músico pletórico de profesionalidad. Son pocos hoy en día los instrumentistas empeñados en hacer grande a instrumentos, estilos y maneras despreciados por no entrar en el carril comercial. Lástima que se haya marchado tan pronto. Canarias pierde a un hijo querido; los melómanos, a un creador.


Van Morrison acude a su visita habitual con Keep it simple (Exile). Sus discos ya se pierden en el túnel del tiempo desde que iniciara su carrera en solitario en los años sesenta. Van Morrison es un icono, un incombustible. Pero tiene una pega: graba demasiados discos. El anterior, Magic Time, es una obra estupenda; la nueva no pasa del aprobado simple, que es mucho más que la media de la mayoría de los músicos actuales. A él se le exige más. Éste es un disco encuadrado en el grupo llamado ‘álbum de transición’, a la espera de nuevas canciones que nos hagan decir por enésima vez: ‘Es único y grande como él solo’. Los temas del álbum merodean por el blues, el country-pop, el soul y el folk irlandés. Una coctelera que él mueve con maestría. Recomendado sólo para los incondicionales (caso del que les escribe estas líneas).

Neco Novellas es con su disco, New Dawn – Ku Khata (World Connection / Resistencia), la apuesta más arriesgada de las tres novedades del mes. Cantautor de Mozambique, adopta estéticas musicales variopintas junto sus hermanos. Música africana que aglutina estilos occidentales. Lo que más me gusta son las formas vocales zulúes surafricanas y ciertos cortes próximos a lo acústico, si bien  el recorrido musical es mucho más amplio. Incluye un dúo con la cantante brasileña de Zuco 103, Lilian Vieira. A Neco Novellas se le puede incluir en la lista de músicos africanos aperturistas con hambre por absorber cualquier estilo.

Morcheeba, la banda británica emblemática del trip hop, ya tiene nuevo disco, Dive Deep (PIAS). Ahí siguen los hermanos Godfrey al mando de todo. No está su vocalista inicial, Skye Edwards, con quien grabaron cinco álbumes de una factura impecable. Éste es el segundo disco con nuevas voces. Para la ocasión reclutan al rapero Cool Calm Pete, a las cantantes Judie Tzuke y Manda (francesa) y a los cantantes Thomas Dybdahl y Bradley Burgess. La base musical es la misma, es decir, una cremosa base de pop electrónico sobre la que emergen sugerentes melodías, aterciopeladas voces y efectos sonoros más estéticos que musicales. De los reclutados para cantar, Tzuke y Burgess son los mejores. El disco gana con cada escucha. Siguen siendo los mejores en su género.